Era cuestión de tiempo que se conociera la verdad de los hechos que
acontecen en Siria. Los nuevos papeles de Wikileaks, los de la llamada
CIA en la sombra, anuncian claramente que la OTAN está detrás de la
guerra. No se trata únicamente de apoyo material o del entrenamiento de
terroristas en sabotajes y guerrilla urbana, la supuesta guerra civil
para desestabilización del país árabe está dirigida sobre el terreno por
comandos militares y mercenarios (que ahora llaman “contratistas”) de
países de la OTAN, principalmente Francia, Reino Unido y Estados Unidos.
Lo que no es fácil de entender, a priori, es por qué el diario de izquierdas Público,
responsable de sacar a la luz las filtraciones de Stratfor en nuestro
país, haya pasado por alto esta noticia bomba, de la que hemos tenido
que enterarnos por boca de agencias, como Europa Press,
que sí se han hecho eco indirecto de este verdadera exclusiva que a
Público le quemaba en las manos. Pero con algo de perspectiva, puede
comprenderse cómo se relaciona este apagón informativo con el vil metal y
con temas ajenos a la labor puramente comunicativa.
Para empezar, Mediapro, propietaria de Público, tiene montada una
sede en Qatar, como puede comprobarse en la Wikipedia o en un inocente
artículo del Diario Expansión.
También tiene negocios de retransmisiones deportivas en la región, uno
de cuyos principales clientes es Aljazeera, responsable fundamental de
la desinformación sobre las guerras coloniales de Libia y Siria. La
polémica publicidad que ostenta el FC Barcelona en sus camisetas tampoco
no es ajena a los intereses de este grupo catalán con casi 100 personas
trabajando en Doha, la capital de Qatar.
Pero sigamos con la noticia en sí usando literalmente algunos
suculentos textos de los escritos originales descubiertos por Wikileaks.
Resulta curioso ver cómo el Pentágono reconocía ya en diciembre pasado
que los rebeldes son bien pocos “no hay mucho del Ejército Sirio Libre
que entrenar en estos momentos”. Sin embargo, admiten sin pudor que trabajan con total descaro en el país: “las operaciones que se están llevando a cabo se realizan sin prudencia”, al contar con la colaboración delictiva de casi toda la prensa
occidental, pueden desestabilizar al país contando con la complicidad de
unos medios que se encargan de lavar el cerebro de la opinión pública
con absoluta impunidad, constituyendo la avanzadilla de los ataques, las
bombas y los actos de terrorismo.
La estrategia de los países agresores no es otra que “llevar a cabo
ataques de guerrilla, campañas de asesinatos y de intentar romper el
espinazo a las fuerzas alauitas, haciendo que colapsen desde
dentro” pero vendiéndolas como actos de represión del régimen al que
pretenden hacer que renuncie a su propia y legítima defensa, vendiéndola
como actos de represión contra su propia población. El objetivo final
es organizar una nueva campaña de bombardeos como la que lograron en
Libia con intoxicaciones similares, pero necesitan aún más manipulación
mediática y “no creen que vaya a tener lugar a no ser que haya una gran
atención por parte de los medios de comunicación sobre una masacre”.
Eso es lo que intentaron en Homs, pero no les salió bien el plan y,
ahora que los mercenarios han huido a Líbano o a Turquía y la mayoría
de los rebeldes han muerto o se han entregado, lo van a tener más
complicado. Probablemente en Idleb se reproduzcan hechos parecidos a los
de Homs en los próximos días, ya que es conocido que ese habido el
lugar fronterizo donde se han reorganizado muchos de los que salieron de
Bab Amr antes del asalto gubernamental definitivo y pueden ser
abastecidos más fácilmente desde el exterior del país. Pero es
improbable que puedan crear una sensación similar a la de Benghazi
porque la población siria y su ejército están muy cohesionados, el apoyo
de la población a los sublevados en armas es mínimo y, sobre todo,
porque es bien complicado que las brigadas mediáticas engañen a todos
todo el tiempo.
En estos días se han conocido las dimisiones de reporteros y responsables libaneses de Aljazeera para no ser corresponsables con la campaña de infundios contra Siria y otros países de la región desde que la cadena qatarí cayo en manos de Estados Unidos,
como desveló una de las oleadas de documentos clasificados también
desvelados por Wikileaks. Afortunadamente, aún quedan medios como The Guardian, donde a veces se publican perlas como la de Jonh Pilger donde dice, sin tapujos, que: “la guerra mediática es tan importante como la guerra en el campo
de batalla, porque el verdadero enemigo es la opinión pública nacional
de cualquier país, y su engaño y confusión se convierten en algo
esencial para librar una guerra colonial no popular”, “el ataque contra Siria e Irán requiere de los gobiernos
occidentales, inyecciones negativas permanente para influir sobre los
lectores y los espectadores y ésta es la esencia de la propaganda
occidental, de la que que rara vez se habla”.
Si conseguimos neutralizar con contrainformación a las divisiones
mediáticas que promueven la guerra, probablemente puedan salvarse miles
de vidas humanas en Siria y en otros muchos países. Aunque la ciudadanía
occidental no pueda hacer prácticamente nada en el frente militar, sí
que puede actuar en la batalla de la opinión pública simplemente
mediante el análisis, la lectura crítica, el estudio de la historia
reciente o la comparación con casos similares. Si dejamos de tragar sin
digerir las noticias canalizadas por la OTAN hacia algunos medios de
comunicación, es posible que hayamos empezado a complicar e incluso a
detener las próximas guerras coloniales del imperio.
Juanlu González
Bits Rojiverdes
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